Victorian
Autobiografía gráfica, estilo victoriano.
Campaña "Play", realizada como práctica profesional, para PS2
Campaña realizada en el 2008, dirigida a mujeres influenciadoras de compra.
El texto en rojo dice: "Existe una nueva forma de mantener la linea"
Aun a la distancia se piensa en ella,
Aun con el tiempo se desea,
Aun con lo sucedido se perdona.
Muy difícil despegarse de su olor,
De su suavidad, de su amor.
Nunca mis manos sentirán esa piel,
Hecha a la medida de mis pensamientos,
Con esa ternura que esconde la verdad,
Esa hermosa ternura que no deja ver la realidad.
Sin importar las mil voces que la alejan,
Sin querer jamás olvidar
Los mejores momentos de la vida,
Que lentamente en los peores se empezaron a transformar.
Ni el viejo cigarro que ya no fumo
Podría nublar el pasado,
Nada me aleja de su alegría,
Cada día, y a pesar de la distancia,
La considero más cerca de mi vida.
No quiero soñar más con su mirada,
Pero al despertar siento lo contrario,
Pues aunque sé que no la tendré más,
Nunca se separará de mi interior.
Busco en otros cuerpos, la forma de tranquilizar mi corazón,
Pero de pronto empieza a aparecer
Sin quererlo pero sabiendo que lo hace
Y al verla en mi memoria, y sin necesitar razón,
Me quita la cordura.
Escuchando una de tantas canciones
Que ahí mismo me la recuerdan,
Quisiera estar a diez minutos de su puerta,
Y no a mil kilómetros de su corazón.
Tan solo tenerla cerca, a mi lado,
Tan solo eso me reconforta,
Poder abrazarla todo el día,
Poder ver su risa junto a la mía
Es lo único que me importa.
No sé que me tiene preparado el destino,
En realidad no tengo sueños inalcanzables,
Solo quisiera que fueran realidad,
Y vivir mi vida como lo he querido,
Con una sonrisa de verdad.
Encerrados en la habitación 203, del viejo hospital municipal “emergencias”, como lo llaman popularmente, se encuentran dos viejos guerreros, uno de ellos solo es guerrero de la vida, y el otro sí es un ex militar del gobierno de Batista, fervoroso y creyente en su mandato.
Natanael Castro se llamaba el último, aunque nada tenía que ver con Fidel, según lo que él mismo repetía constantemente. Por el contrario, lucho junto al ejército de Batista, y hasta ese día, creía fielmente en lo que su maestro le había enseñado.
El viejo, de quien nadie se acordaba de su nombre, tan solo su sensual enfermera, era un tipo calmado, pero con sobresaltos muy fuertes. Su nombre era Pedro, Don Pedro, y llevaba más de dos meses en esa cama del viejo hospital. Ya estaba cansado de oír las historias de su compañero de habitación, pero seguía oyéndolo pues no tenía nada más que hacer, sino oír historias de guerra repetidas y fantasear con Violeta, la enfermera.
Ella siempre los acompañaba, Violeta era una hermosa veinteañera, con el cabello rojo incandescente y ojos verdes, cuerpo perfecto y gran personalidad. A escondidas de Natanael, le contaba al viejo sobre la revolución que se aproximaba, parecía saber todos los pasos de los barbudos, pues tenía un allegado en el ejército del pueblo, y tenía lleno de ilusión a don Pedro.
El viejo no sabía que iba a pasar con su vida, cuantos días le quedaban ni si su dolor pararía, solo esperaba estar vivo para cuando llegara la revolución, y así cumplir su promesa con Viole, y de paso, callar de una vez por todas a su fastidioso acompañante.
En forma de broma le decía a Viole que cuando llegaran los valientes él la sacaría de allí y se casarían en la playa, imagen que le recordaba todo el tiempo, y en la que se quedaría inmerso en una fantasía. Le prometió que viviría con ella y le daría un futuro de libertad. A ella no le gustaba el viejo, pero le seguía el juego para mantener sus ilusiones, pues al final, era lo único con lo que contaba don Pedro, y ella lo sabía.
Llena de ternura se acercaba a la sucia cama del viejo, y le contaba uno a uno los pasos de la revolución, que los debían esperar pronto y que podrían ser felices. Él se llenaba de esperanza, de salir de allí, vivir siquiera un día la nueva y alentadora vida que se les venía, y poder fumarse un habano, pues le encantaban y hacía más de tres meses que no había podido saborearlos.
Todo estaba tranquilo, ninguno de los tres sabía que ese era el gran día, ella tal vez lo esperaba, pero no tan pronto. El acabado hospital quedó en silencio. Unos muriendo, otros huyendo, y la mayoría simplemente chismoseando el evento tan importante que estaba ocurriendo.
Una pequeña ventana paralela a la cama de don Pedro era su único contacto con lo que ocurría en el exterior, pero en su mente se divisaban las escenas de su futuro, se proyectaba su fantasía con la hermosa enfermera.
Mientras él pensaba y se inundaba en su sueño, Viole salía del hospital, deseosa de libertad, tranquila pues estaba llegando la victoria. Pedro soñaba con la playa paradisíaca, un altar, y su blanca y escasa cabellera junto al hermoso y poblado cabello rojo de Viole. Una fantasía que él mismo creó, le prometió a su enfermera, pero que quedaría en su cabeza. Mientras tanto su compañero lo miraba mientras se casaba dentro de la habitación, dentro de su imaginación. En realidad lo que él quería era una nueva vida, vivir siquiera un día lo nuevo que estaba ocurriendo, y lo había logrado, así que ese deseo que recorría su mente no era más que un sueño de libertad.
Don Pedro logró escuchar disparos y gritos de revolución, se puso feliz pues había vivido para esto, después de tanto tiempo sufriendo en la fría cama. Por fin calló a Natanael, quien gritaba desesperado tratando de defender sus ideales, pero el viejo vitoreaba los cantos de la victoria, y le recordaba que había ganado un Castro de verdad.
Nunca ingresó un barbudo a la habitación, nunca pudo ver con sus propios ojos los escombros de la libertad. Viole no regresó, se quedó inmersa en la gloria esperando el momento apropiado para rescatar a su paciente. Sin embargo, don Pedro se sintió como nuevo, por el olor que entraba por la ventana, una humareda de tabaco habano que se filtro por el pequeño espacio, y recordó por fin el placer de un buen cigarro. Siguió adolorido en la vieja cama, pero tranquilo, pues ese olor le reflejaba su felicidad, le recordaba su libertad, ese cigarro, ícono de la revolución, ícono de su salvación.
Una historia que parece común y corriente, pero que por cosas del destino, se convirtió en una conexión de vidas, verdades y traiciones.
Empecemos por Iván. Él parece un tipo tranquilo, hasta buena persona, pero en realidad es un seductor, a pesar de su espontánea timidez. ¿Cuántas personas son capaces de acercársele a una desconocida en un bar a mitad de tarde? Y lo que es todavía más extraño ¿Cuántos de ellos logran su cometido? Bueno, pues éste señor lo logró, y tan solo la aparición del ex novio de ella lo logró inquietar.
Él se llama Nicolás, y vive una doble vida. Se asegura de que cada una de sus vidas no sepa de la otra. Saca tiempo para vivir con una y con otra, y anda tranquilo por dos razones. Primero, porque siempre tendrá a una de ellas segura, y segundo, pues anda siempre con su conciencia limpia. Aquel día lo llamó su novia oficial número uno, y le daño su plan con la número dos. Le terminó y lo hizo ir a buscarla. Cuando llegó allá la encontró con Iván, lo que desató su ira con ella.
Ana es una buena chica, descomplicada y autónoma, un poco fuerte con los hombres, pero amorosa y dedicada. Estaba aburrida con Nicolás, pues nunca hubo química en la cama, según ella. Se escudaba en su amiga, en casos de amor, pero fue ella misma quien decidió terminarle a Nico, al igual que fue ella quien quiso ponerle atención a Iván, quien la miraba en aquel bar, instantes antes de que llegara su hombre.
Despierta el caos, duerme la ciudad,
tras el regaño del cielo, y el perdón de la madre sol.
La calma se esconde, para quienes no quieren ver más allá,
el ruido se desvanece, entre el olor de la fría tarde.
De naranja se viste y se arropa el monstruo gris,
sabiendo que lo espera un manto negro de pecas doradas.
Seguramente se oirá el regaño de nuevo,
pero la calma la sentirán unos pocos valientes.
Valientes que de naranja pintan sus sueños, para darse cuenta
que en realidad nunca duerme la ciudad.
Soñar con la luz naranja, es despertar a la realidad,
Oculta por los ciegos, que creen ver lo que no está.
Acá una ojeada de lo que ha sido mi bonita vida, para que me conozcan mejor.
Nacido en Panamá, un 3 de septiembre del año 1984, pero criado, crecido y vivido en Bogotá, Colombia. Con corazón, pasaporte y sangre colombiana, y orgullosamente bogotano.
Mi infancia fue privilegiada, y mi juventud acelerada, mi presente es incierto y mi futuro ya lo tengo claro.
Terminé muy joven el colegio y empecé a estudiar economía, pero me gradué, gracias a Dios, como publicista (historia que contaré en otra oportunidad). De allí me vine un año a Buenos Aires a hacer mi especialización en creatividad/redacción y planning, y es lo que hago actualmente, aparte de extrañar mi país y buscar trabajo.
Soy hincha furibundo de Atlético Nacional, el mejor equipo del mundo, y fanático del fútbol, entre otras pasiones.
He escrito sobre muchos temas, y en variados estilos. Sobre amor, desamor, sentimientos de vida, locuras inventadas, le he escrito a mi ciudad, etc, etc. Pero aún tengo dos cosas pendientes: dedicarle unas letras a mi equipo del alma, y antes que esto, unas palabras a mi padre y a mi madre, quienes me han hecho lo que soy.
Y aquí sigo yo, contando los días para volver a mi amada Colombia, y esperando afectar en algún sentido a alguien con mis palabras.
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